Roni
- Abraham David Nissan

- 17 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Estamos orgullosos de Roni que va a la librería todos los días

Cada mañana, mientras la ciudad despierta entre prisas, pantallas y ruido, Roni toma un camino distinto. No va a un centro comercial ni se refugia en un teléfono. Roni va a la librería. Todos los días. Y por eso estamos orgullosos de él.
Roni es un niño común con un gesto poco común: entra a la librería como quien entra a casa. Camina entre los estantes con respeto, toca los libros con cuidado y se detiene a leer títulos que no siempre entiende del todo, pero que despiertan su curiosidad. No siempre compra nada. A veces solo lee, hojea, pregunta. A veces se sienta en el suelo. A veces se queda en silencio largo rato. En un mundo que corre, Roni aprende a detenerse.
La librería se ha convertido en su escuela invisible. Allí aprende que existen otros tiempos, otras vidas, otras preguntas. Aprende que no todo se responde de inmediato, que hay palabras que requieren paciencia y pensamientos que crecen despacio. Cada libro es para él una puerta, no una obligación.
Los libreros ya lo conocen. No como cliente, sino como lector. Lo saludan, lo observan crecer entre cuentos, mapas, historias antiguas y preguntas nuevas. Roni no busca entretenimiento rápido; busca sentido. Y sin saberlo, está construyendo algo profundo: una relación íntima con el conocimiento.
Estamos orgullosos de Roni porque su gesto es sencillo y, al mismo tiempo, revolucionario. Ir todos los días a la librería es una forma de resistencia silenciosa. Es elegir el pensamiento frente al ruido, la imaginación frente a la prisa, la profundidad frente a lo inmediato.
Tal vez Roni no lo sabe aún, pero cada día que cruza esa puerta está aprendiendo a leer el mundo. Y eso, hoy, es un acto de esperanza.




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