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Bereshit: La Fuerza

Foto del escritor: Abraham David Nissan
Abraham David Nissan
30 ago
6 min de lectura



Blog


En Star Wars, aquello que mantiene unida a la galaxia recibe el nombre de La Fuerza. No es simplemente energía, electricidad o poder físico: es una realidad invisible que atraviesa a los seres vivos, conecta lo distante y permite que la conciencia influya sobre la materia.


Sin embargo, cuando buscamos una idea comparable dentro de la Torá, no deberíamos llamar a esa realidad “Dios” ni identificarla directamente con el Nombre sagrado יהוה.


Dios está más allá de la Fuerza.


יהוה no es una energía que pueda ser dominada, equilibrada o utilizada. No es una herramienta espiritual al servicio del héroe. Es el Nombre sagrado asociado con Aquel que trasciende la Creación, la voluntad suprema de la que proceden el tiempo, el espacio, la luz y todas las fuerzas existentes.


Si quisiéramos encontrar en la Torá una expresión más cercana al concepto narrativo de La Fuerza, podríamos llamarla, mediante una interpretación filosófica y mística:


El Bereshit.


Antes de la galaxia


La Torá comienza diciendo:


בראשית ברא אלהים את השמים ואת הארץ

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.


La primera palabra no es יהוה. La primera palabra es Bereshit: “En el principio”.


Bereshit señala el comienzo del universo ordenado: el punto misterioso en el cual lo infinito comienza a manifestarse como existencia. Allí nacen las diferencias fundamentales:


* luz y oscuridad;

* cielo y tierra;

* día y noche;

* expansión y contracción;

* revelación y ocultamiento;

* dar y recibir.


Por eso, Bereshit puede entenderse filosóficamente como la arquitectura primordial de todas las fuerzas. No es Dios mismo, sino el principio creado mediante el cual la voluntad divina comienza a expresarse dentro del universo.


La Fuerza de Star Wars pertenece a la galaxia.

Bereshit es la matriz en la que toda galaxia puede comenzar a existir.


ב — La casa


La primera letra de la Torá es bet:


ב


La palabra bet significa “casa”. Su forma también ha sido interpretada tradicionalmente como una estructura cerrada por varios lados y abierta hacia adelante. La Creación es una casa: un espacio preparado para que algo pueda existir, desarrollarse y avanzar.


La letra bet posee, además, el valor numérico dos.


Así, desde su primera letra, la Torá introduce la dualidad. No necesariamente dos poderes divinos independientes —la Torá proclama la unidad de Dios—, sino dos direcciones dentro de una misma Creación:


* interior y exterior;

* positivo y negativo;

* masculino y femenino;

* misericordia y juicio;

* movimiento hacia afuera y retorno hacia el origen.


La casa de Bereshit contiene fuerzas inversas porque todo universo necesita diferencias para manifestarse. Sin arriba y abajo no habría dirección. Sin luz y oscuridad no habría contraste. Sin distancia no habría camino.


La Creación es la casa en la que los opuestos pueden encontrarse.


ב־רא: una lectura mística


Desde el punto de vista gramatical, ברא — bará significa “creó”. Pero podemos realizar una lectura simbólica —no como traducción literal, sino como meditación— separando sus letras:


ב — רא

Bet — Re


La bet representa la casa.


La secuencia רא puede hacernos pensar en la raíz relacionada con ver, como en reé: “mira”. En esta lectura poética, la Creación sería una casa donde lo invisible se vuelve visible:


La casa de la visión.

La casa en la que la luz puede ser contemplada.


Incluso podemos escuchar dentro de bará el misterio de “creó”: Dios prepara una casa para que aquello que estaba oculto pueda aparecer.


Esta lectura no pretende sustituir la explicación hebrea tradicional. Es una interpretación filosófica: una manera de escuchar en las letras el movimiento de la Creación.


“Creo”


La palabra española creo posee una extraordinaria ambivalencia.


“Creo” puede significar:


Yo creo algo.


Pero también:


Yo tengo fe.


La creación y la creencia se encuentran en una sola palabra.


El ser humano crea porque primero puede imaginar lo que todavía no existe. Antes de construir una casa, escribir una novela o filmar una película, debe contemplar interiormente una posibilidad invisible. La obra viaja desde la oscuridad de la imaginación hacia la luz de la realidad.


Por eso, decir “creo” significa al mismo tiempo:


“Acepto que existe una realidad que aún no puedo ver”

y

“Participo en hacerla visible”.


La fe es una especie de luz que viaja en dirección inversa: no parte de lo visible para llegar a una conclusión, sino que parte de lo invisible para transformar lo visible.


La luz inversa


La Cábala distingue, en términos generales, entre la luz que desciende y la luz que retorna.


La primera representa la abundancia que procede de lo alto: existencia, vida, inteligencia y posibilidad. La segunda representa la respuesta de la Creación: conciencia, plegaria, acción moral y elevación.


Podemos imaginarlo así:


La luz directa desciende del origen hacia el mundo.

La luz inversa asciende desde el mundo hacia su origen.


Esta luz inversa no es otra divinidad ni una fuerza enemiga de Dios. Es la reacción de la criatura ante la luz recibida. Dios concede existencia; el ser humano responde otorgándole significado.


La luz desciende como vida y retorna como conciencia.


En Star Wars, un Jedi aprende a abrirse a La Fuerza. En la Torá, el ser humano no aprende a controlar a Dios: aprende a corregirse a sí mismo para recibir, reflejar y devolver la luz de la Creación.


Ésa es una diferencia esencial.


Dos fuerzas inversas, una sola procedencia


En el principio no había dos dioses enfrentados. La tradición hebrea no enseña una guerra eterna entre divinidades iguales. Enseña que, dentro de la unidad creadora, aparecen fuerzas opuestas que cumplen funciones diferentes.


Una expande; otra limita.

Una revela; otra oculta.

Una entrega; otra recibe.

Una desciende; otra retorna.


La limitación permite que la forma exista. Si la luz fuera absolutamente ilimitada, ninguna criatura podría distinguirse de otra. Para que exista un mundo, la luz debe revelarse y, al mismo tiempo, ocultarse.


Ésta es la paradoja de Bereshit: la Creación aparece mediante una luz que también sabe retirarse.


La oscuridad no siempre representa el mal. A veces es el espacio que protege una luz todavía demasiado intensa. La noche no destruye el día; prepara una nueva mañana. El silencio no niega la palabra; le permite ser escuchada.


Bereshit es, entonces, una casa de fuerzas inversas.


Más allá del Lado Luminoso y el Lado Oscuro


Star Wars representa La Fuerza mediante dos lados morales: el luminoso y el oscuro. Sin embargo, la Torá ofrece una estructura más compleja.


No todo lo severo es malvado.

No todo lo agradable es bueno.

La misericordia sin límites puede producir desorden.

El juicio sin misericordia puede destruir el mundo.


El objetivo no consiste simplemente en eliminar una de las fuerzas, sino en ordenarlas bajo una voluntad moral superior.


La luz debe saber limitarse.

La fuerza debe servir a la justicia.

El poder debe reconocer que no es Dios.


El mal comienza cuando una fuerza creada se declara absoluta; cuando una parte de la casa pretende convertirse en dueña de toda la casa.


No adoramos a La Fuerza


La Torá no nos invita a adorar la energía del universo. Tampoco nos enseña que Dios sea simplemente la suma de todas las cosas.


El universo está lleno de fuerzas, pero ninguna de ellas es יהוה.


Podemos estudiar la materia, contemplar las estrellas, sentir la vida y meditar sobre la luz. Podemos hablar de Bereshit como el gran principio estructural donde nacen las dualidades. Pero debemos conservar la diferencia entre el Creador y los mecanismos de la Creación.


La Fuerza puede ser parte de la casa.


Dios es quien hace posible la casa.


El verdadero elegido


El héroe bíblico no es quien acumula más energía, sino quien aprende a orientar correctamente las fuerzas que atraviesan su existencia.


El ser humano recibe amor y temor, bondad y rigor, deseo y disciplina, imaginación y límites. Su misión consiste en transformar estas fuerzas en una unidad consciente.


No tiene que destruir su oscuridad, sino iluminarla.

No tiene que negar su materia, sino elevarla.

No tiene que dominar el universo, sino responder ante su Creador.


Ése es el movimiento de la luz inversa: la existencia que vuelve conscientemente hacia su fuente.


En el principio


Quizá aquello que Star Wars llama La Fuerza nosotros podríamos llamarlo, poéticamente, Bereshit: la primera casa, la matriz de las diferencias, el escenario donde la luz desciende y retorna.


Pero Bereshit no es Dios.


Es el comienzo de la obra de Dios.


La letra ב abre la casa.

La palabra ברא anuncia la Creación.

La luz entra en el universo.

La conciencia la recibe.

Y el ser humano la devuelve transformada en plegaria, justicia, arte y significado.


Por eso, ante el misterio del principio, podemos pronunciar una sola palabra con dos sentidos:


Creo.


Creo porque recibí la luz.

Y creo porque estoy llamado a reflejarla.

 
 
 

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